Yuto apuesta por el arte y la memoria colectiva contra la violencia de género
Jun 25, 2026
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Las violencias basadas en género forman parte de dinámicas cotidianas que muchas veces en Colombia se normalizan. En Yuto, Chocó, el fogón, la pintura y una cancha deportiva se convirtieron en los nuevos escenarios para hablar, cuestionar y prevenir estas agresiones.
Los roles de género, los prejuicios culturales y las creencias que justifican agresiones, suelen validar distintas formas de violencia contra las mujeres. Frente a esta realidad, el proyecto Voces Silenciadas, Expresiones Renacidas apostó por el arte, la cultura y la educación emocional, para abrir conversaciones sobre prevención, cuidado y convivencia.
La estrategia participativa se desarrolló en la cabecera municipal de Atrato y partió de una idea sencilla: hablar de violencia no siempre requiere una charla formal o un salón de clases. En algunos contextos, una cocina, una cancha o un mural pueden facilitar diálogos que difícilmente surgen en otros espacios.
Una conversación que comenzó fuera del aula
El proceso reunió a niñas, adolescentes, lideresas, docentes, personal de salud, parteras tradicionales y autoridades locales. A partir de sus experiencias y conocimientos, se trabajó en identificar las distintas formas de violencia, para comprender las redes de apoyo disponibles y las rutas de denuncia en el territorio.
El fogón, los pinceles y el juego sustituyeron los talleres teóricos tradicionales. Esta propuesta metodológica abrió un espacio seguro para reconstruir la memoria colectiva y trabajar en las secuelas emocionales de quienes viven la violencia. En las paredes se plasmaron los relatos colectivos que nadie se atrevía a pronunciar. Incluso las canchas del municipio cambiaron de función: allí la juventud aprendió que la comunicación y el trabajo en equipo son las mejores defensas contra la agresión.
Lo que revelaron los hallazgos
Jovana Ocampo, investigadora del grupo en Salud Pública, Educación y Profesionalismo Médico de la Universidad de los Andes, junto a Nobel Murillo, lideresa de la comunidad en Yuto, Chocó, presentaron en la Fundación WWB Colombia los resultados de este proyecto apoyado por el Fondo para la Investigación.
Se conocieron las experiencias, los hallazgos y reflexiones que este proceso les dejó:
- Experiencias y reflexiones: El proceso permitió recopilar testimonios, saberes locales y aprendizajes significativos en el territorio. El propósito central no apunta a eliminar de forma inmediata las agresiones, sino a sembrar la duda y abrir paso a la reflexión colectiva.
- Rechazo a la agresión: Las respuestas de 103 estudiantes ante una encuesta realizada, muestran transformaciones clave. El 70 % manifiesta que la violencia no es una vía válida para resolver conflictos, mientras que el 69 % considera grave el maltrato físico hacia una mujer, incluso si ocurre una sola vez.
- No a la revictimización: El 58 % de las personas encuestadas descarta de forma contundente la idea de que las víctimas tengan responsabilidad en los hechos que les ocurren.
- Autonomía económica: El 80 % se opone a que los hombres controlen las finanzas del hogar, mientras que el 75 % respalda el derecho de las mujeres a ejercer un trabajo fuera de casa.
- Reconocimiento intelectual: El 66 % de la población estudiantil consultada reconoce la igualdad de capacidades intelectuales entre hombres y mujeres.
Las reflexiones que nacieron alrededor del fogón
“No callemos nada de cualquier tipo de violencia hacia nosotras”, reflexiona Nobel. Para ella, aunque las agresiones no siempre son físicas, existen otras formas de violencia que atraviesan la cotidianidad de quienes están en el territorio. A través de este proceso, la lideresa menciona que encontró una vía para “aliviar dolores del alma”.
Por su parte, Ocampo afirma que la investigación no pretende cambiar las estructuras construidas durante décadas. El proyecto tampoco resuelve problemas asociados al conflicto armado, la desigualdad económica o el racismo estructural. Sin embargo, la iniciativa sí tiene el poder de abrir preguntas y sembrar dudas frente a conductas normalizadas.
En Yutó, esas preguntas aparecieron en espacios poco convencionales para la academia, pero cotidianos para la comunidad. “Nunca me imaginé hablar en un fogón sobre violencias basadas en género”, confesó Jovana Ocampo. La investigadora destacó que el trabajo en territorio es indispensable para comprender las realidades de las comunidades y construir conocimiento junto a ellas.
Las reflexiones también llegaron a las aulas, a las instituciones a través de la participaron en un curso virtual de gestión emocional y mediación de conflictos. Allí trabajaron herramientas para reconocer emociones, afrontar desacuerdos y fortalecer habilidades de diálogo.
Este cambio de percepción constituye uno de los primeros pasos para construir entornos protectores para la niñez y la adolescencia del municipio, donde cada aprendizaje se replicaron en la comunidad, cambiando el rumbo del territorio.