Realidades de las mujeres en Cali
Mar 4, 2026
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En alianza con Cali Cómo Vamos, el Observatorio para la Equidad de las Mujeres (OEM), la Universidad Icesi, realizamos este informe, en el marco del Día Internacional de la Mujer.
En Cali, las mujeres están viviendo una combinación crítica de violencias, brechas económicas y sobrecarga de cuidado que limita su autonomía en todos los espacios de la vida cotidiana. Las cifras más recientes no solo confirman desigualdades persistentes: muestran un deterioro en indicadores clave y revelan cómo estas brechas se acumulan y se refuerzan entre sí.
En 2025 fueron asesinadas 68 mujeres en la ciudad, la cifra más alta de los últimos tres años. Más de 4.500 denunciaron violencia intrafamiliar. Los delitos sexuales aumentaron 18,6 % y alcanzaron su nivel más alto en cuatro años. Al mismo tiempo, 36 de cada 100 mujeres se dedicaron principalmente a oficios del hogar, solo 56 de cada 100 participaron en el mercado laboral y su ingreso promedio fue 15 % menor que el de los hombres. En la ruralidad, apenas tres de cada diez mujeres acceden a un trabajo remunerado y nueve de cada diez lo hacen en la informalidad.
Esta radiografía conjunta, presentada por la Fundación WWB Colombia, Cali Cómo Vamos, el Observatorio para la Equidad de las Mujeres y la Universidad Icesi, integra seguridad, cuidado y autonomía económica en una sola lectura estructural. La conclusión es clara: la violencia contra las mujeres no puede analizarse aislada de la desigualdad en ingresos ni de la distribución injusta del tiempo. La dependencia económica y la pobreza de tiempo no son efectos secundarios; son factores que incrementan la vulnerabilidad y restringen la capacidad real de decisión.
Homicidios al alza, feminicidios a la baja
En 2025 se reportaron 68 homicidios contra mujeres en Cali, un incremento del 11,5 % frente a 2024. La ciudad registró la tasa más alta entre las principales capitales del país: 5,6 por cada cien mil mujeres, por encima de la tasa nacional (3,7).
Aunque los feminicidios disminuyeron (5 casos en 2025 frente a 14 en 2024), la reducción no implica que la violencia estructural haya cedido. Las tentativas de feminicidio alcanzaron 50 denuncias. En lo corrido de 2026, entre el 1 de enero y el 21 de febrero, ya se habían reportado 8 homicidios de mujeres y 2 feminicidios.
“Según la información de Medicina Legal, en 2025 la principal circunstancia generadora de violencia intrafamiliar contra la mujer en Cali fueron los celos, representando el 33% de los casos. La incidencia de los celos como generador de esta violencia en la ciudad fue superior al dato Nacional (27%) y la más alta entre las principales capitales. Estas cifras reflejan la necesidad de fortalecer la educación emocional, la inadecuada gestión de emociones no puede seguir impactando la integridad de las mujeres”, señaló Danny Angarita, director de Cali Cómo Vamos.
En 2025 se registraron 4.516 denuncias de mujeres por violencia intrafamiliar en Cali, el 73% del total de los casos. En 9 de cada 10 hechos el agresor fue un hombre y ocho de cada 10 ocurrieron en el hogar. La principal circunstancia asociada fueron los celos (33%), proporción superior al promedio nacional.
En delitos sexuales, la ciudad reportó 1.139 denuncias de mujeres, un aumento del 18,6 % frente al año anterior. Las mujeres representaron el 84 % de las denuncias y siete de cada diez exámenes médico-legales correspondieron a menores de edad.
La violencia también se expresa en el espacio público y digital. El 15 % de mujeres encuestadas afirmó haber sido víctima de algún tipo de violencia en el MIO durante 2025; cuatro de cada diez dejaron de usar el sistema por inseguridad. Además, más de la mitad de las mujeres que usan internet para trabajar han sido víctimas de agresiones en línea.
“Lo que solemos ver son las denuncias por feminicidios, pero lo que no vemos son las tentativas, la violencia intrafamiliar, los delitos sexuales y las violencias económicas y patrimoniales que construyen un terreno fértil para que existan los feminicidios. La violencia es un fenómeno estructural”, explicó Lina Buchely, directora del Observatorio para la Equidad de las Mujeres.
Empleo e ingresos: brechas que restringen decisiones
Las desigualdades económicas atraviesan todo este panorama, durante 2025, 36 de cada 100 mujeres de 15 años o más se dedicaron principalmente a oficios del hogar, frente a 7 de cada 100 hombres. Solo 56 de cada 100 mujeres participaron en el mercado laboral, frente a 74 de cada 100 hombres. La tasa de ocupación femenina fue del 50 %, 18,6 puntos porcentuales menor que la masculina. El desempleo femenino alcanzó el 10,2 % y entre mujeres jóvenes llegó al 19,9 %.
Las brechas también son étnicas: el desempleo fue del 15,7 % en mujeres afrocolombianas y del 13,3 % en indígenas, frente al 8 % en mujeres sin autorreconocimiento étnico.
En ingresos, el promedio mensual de las mujeres fue de 1.945.234 pesos, un 15,1 % menos que el de los hombres. En la vejez, 72 de cada 100 mujeres de 60 años o más no estaban cotizando ni pensionadas.
“Las brechas que vemos en Cali no son cifras aisladas, sino el reflejo de una estructura que penaliza el tiempo de las mujeres. Para garantizar una verdadera autonomía, no basta con generar vacantes; es imperativo transformar el ecosistema financiero y laboral para que reconozca la economía del cuidado y cierre las barreras de acceso a financiamiento, protección social y oportunidades productivas”, señaló Soraya Husain-Talero, directora de Investigación de la Fundación WWB Colombia.
El cuidado: la raíz estructural de la desigualdad
Detrás de las brechas en empleo y de la vulnerabilidad frente a la violencia hay un factor persistente: la organización social del cuidado.
El trabajo de cuidado no remunerado representó el 19,6 % del PIB nacional entre 2022 y 2023, equivalente a 230,3 billones de pesos. Sin embargo, continúa recayendo de manera desproporcionada en las mujeres, sin reconocimiento económico ni redistribución efectiva.
Ellas dedican en promedio 7 horas y 46 minutos diarios a estas labores; en centros poblados y ruralidad dispersa, la carga asciende a 8 horas y 53 minutos. Esta pobreza de tiempo limita su inserción laboral, interrumpe trayectorias productivas y afecta su salud física y mental.
En Cali, 43 de cada 100 mujeres afirman no tener tiempo para su propio autocuidado debido a las responsabilidades del hogar. Y cuando el cuidado se cruza con discapacidad, la carga se intensifica: en un estudio con 163 mujeres con discapacidad o cuidadoras, el 49 % reportó dedicar más de ocho horas diarias al cuidado y el 87 % manifestó haber sentido ansiedad en su ejercicio. El 59 % señaló dificultades para acceder a servicios públicos de cuidado y solo el 6,7 % considera que las instituciones realmente protegen y apoyan en situaciones de vulnerabilidad.
En la zona rural, la mayoría de hombres tiene como actividad principal un trabajo remunerado (61,6 %), mientras que para el 43,6 % de las mujeres es el trabajo doméstico sin pago. Dos de cada diez mujeres afirmaron que no tienen empleo remunerado porque el tiempo dedicado al hogar no se lo permite; ningún hombre dio esa respuesta.
Las cifras dibujan un mismo mapa: violencia persistente, tiempo insuficiente, ingresos desiguales y territorios donde el trabajo femenino sigue invisibilizado.
Lo que sienten las caleñas no es solo inseguridad o precariedad laboral por separado. Es la acumulación de desigualdades que se refuerzan entre sí y que limitan su autonomía en el hogar, en el mercado laboral, en el transporte público, en internet y en el campo.
Reducir la violencia, redistribuir el cuidado y cerrar las brechas económicas no son agendas independientes. Son condiciones mínimas para que las mujeres en Cali puedan vivir con autonomía, dignidad y seguridad.